Piztu Psicología
MENÚ

Primera consulta gratuita    644 923 900

BLOG

Terapia Ruptura pareja Bilbao Piztu Psicología

Aprendiendo a vivir sin ti: adaptación a una ruptura

Escrito por Gabriela Ugarritza 30/12/2024

La ruptura de pareja es una de las experiencias más desafiantes a las que nos podemos enfrentar. Este proceso, que a menudo implica repasar y resignificar nuestra vida personal, familiar y social, puede afectar a nuestro bienestar, autoestima y capacidad para relacionarnos con otras personas.

 

¿Una ruptura es un duelo? Un duelo es cualquier tipo de perdida. En el momento en el que alguien o algo nos importa, también nos importará perderlo, y el proceso de adaptarnos a esa pérdida es a lo que llamamos duelo.

 

Existen muchas teorías sobre cómo se vive un duelo, pero una de las más famosas y mi favorita es la teoría de la doctora Kübler-Ross, que desglosó el proceso de perdida en cinco fases o etapas del duelo.

 

Es importante entender que estas etapas se pueden vivir de forma desordenada; mezclando, retrocediendo o repitiendo alguna. Sentir es humano, la confusión es humana y tener una mezcla de sentimientos cuando hemos perdido algo es humano. Por ello, es importante entender que no tener claro en qué etapa estamos o qué sentimos es una parte totalmente normal del proceso.

 

 

Las 5 fases de la ruptura

 

1. Negación

 

La negación es la primera fase de este proceso. Al contrario de lo que el nombre pueda sugerir, no es negar lo ocurrido, sino la dificultad para creerlo o procesarlo.

 

Es normal que cuando notamos que algo que nos importa ha desaparecido, haya una parte de nosotros que quiera pensar que las cosas no son así. “No puede ser cierto”, “esto no ha pasado de verdad”, como si mañana todo fuese a volver a la normalidad.

 

El miedo a la perdida es universal, y por eso mismo, nuestro cerebro siempre tratará de protegernos de las realidades más duras hasta que estemos preparados para enfrentarlas.

 

2. Tristeza

 

Cuando empezamos a hacernos a la idea de la perdida, una de las primeras emociones con las que podemos conectar es la tristeza.

 

Se puede manifestar en forma de pena por no volver a hablar con esa persona, planes de futuro perdidos, echarla de menos, etc.

 

La intensidad y duración de esta emoción dependerá de muchos factores, como nuestra forma de ser, nuestras circunstancias personales, el motivo de esta ruptura… Es muy difícil predecir cómo vamos a vivir este proceso, por eso tenemos que aceptar lo que sentimos sin juzgarlo ni evitarlo.

 

3. Negociación

 

Esta puede ser la fase de la que menos hemos escuchado hablar, pero es una fase por la que muchos pasamos. A mí personalmente, me gusta llamarla la etapa de los “y si…”, porque es cuando intentamos pensar y encontrar alternativas o maneras en las que la ruptura se habría podido evitar. Queriendo, de alguna forma, “solucionar” la ruptura para recuperar lo perdido.

 

“Y si yo hubiese respondido algo diferente”, “y si yo hubiese tomado otra decisión”, “y si la otra persona hubiese hecho las cosas distinto”, “y si en el futuro consigue cambiar”…

 

Es la etapa en la que nuestra cabeza no para de dar vueltas, pero también es una forma de ir aceptando lo ocurrido al ver que, aunque fantaseemos con escenarios alternativos, la realidad no cambia.

 

4. Ira

 

Podemos conectar con la emoción de la ira o con otra de sus variaciones: frustración, enfado, rabia, impotencia…

 

Hay muchos motivos por los cuales es posible sentir enfado: que no nos guste como han salido las cosas, que creamos que la otra persona no se ha portado bien, que nuestro “plan de vida” no vaya a ser el que pensábamos…

 

Al igual que la tristeza, con qué intensidad sintamos el enfado dependerá de muchos factores. Lo que nunca debemos olvidar es que, enfadarnos por lo que no nos ha gustado es parte del proceso.

 

5. Aceptación

 

Podemos sentir que hemos llegado a la aceptación cuando, al mirar lo vivido, no sentimos las mismas emociones o no con la misma intensidad. Esto es totalmente compatible con que haya aspectos que aún nos molesten o nos duelan, pero somos capaces de relacionarnos con estas emociones desde otro lugar que no nos remueve tanto.

 

 

Terapia ruptura pareja Bilbao Piztu Psicología

 


Tomemos como ejemplo para entender estas fases el caso de una mujer que acude a terapia en un momento difícil tras una ruptura. A esta mujer la llamaremos Cristina.

 
Cristina y Juan llevaban 7 años juntos. Tenían sus diferencias, pero nada que no pudiesen manejar. Se iban de vacaciones juntos, hacían planes todos los fines de semana, conocían a la familia y amigos del otro y decidieron irse a vivir juntos.

 

Al principio de la convivencia todo iba bien, pero poco a poco, los pequeños roces de empezaron a molestar cada vez más a Cristina. Intentaron solucionar sus problemas, hablar de qué necesitaban y de cómo proceder a partir de ahora, pero siempre volvían a repetir viejos patrones.

 

De esta forma, Cristina se sentía cada vez más cansada y harta, lo cual hizo que comenzase a discutir cada vez más con Juan. Al final, estas discusiones eran tan frecuentes que, por mucho que se quisiesen, decidieron dejar la relación para no seguir haciéndose daño.

 

Cristina se queda en la casa que ambos compartían. Al principio, siente como si nada hubiese cambiado, como si en cualquier momento Juan fuese a entrar por la puerta con la ropa del trabajo a preguntarle cómo había ido el día. Es una sensación extraña, sabe que eso no va a pasar.

 

Poco a poco esta sensación va desapareciendo y Cristina cada vez se siente más triste y sola. Nunca se había dado cuenta de lo silenciosa que puede ser la casa sin él, de cuantos planes hacían juntos el fin de semana. Esta sensación empieza a ser muy dolorosa y en ese momento decide acudir a terapia.

 

En la primera sesión, Cristina describe un poco su situación actual y como se ha sentido estas últimas semanas tras la ruptura. Es doloroso hablar de Juan, pero también es agradable que exista un lugar donde poder desahogarse y hablar sobre cómo está realmente, sobre los miedos y preocupaciones que tiene.

 

Cristina también habla sobre todos los pensamientos que tiene: “¿me echará Juan tanto de menos como yo a él?, “¿cómo actuará si voy al barrio donde viven sus padres y nos cruzamos?”, “¿seguiríamos juntos si yo hubiese sido más tolerante?, “¿qué tendría que pasar para que me volviera a hablar?”

 

 

Aunque está bien poder sacar todas estar preguntas de su cabeza, en terapia la ayudamos a hacerlo de forma consecuente con la realidad: “no sabemos lo que pasará en un futuro, pero es importante no alejarnos de lo que está pasando actualmente por pensar en lo que puede venir”.

 

 

En las sesiones también se trabaja en identificar cuáles son las necesidades de Cristina y qué nota faltó en su relación. Le da rabia recordar todas las veces que le pidió a Juan un cambio que nunca llegó o sentir cuánto se esforzó sin notar lo mismo por parte de él. Eso hace que Cristina se enfade, pero ayuda a tener más claro qué necesita y quiere en una relación.

 

Además de esto, se aborda el cómo transmitir a los demás estas necesidades, para no perderlas de vista y, también, para tener más oportunidades de ser comprendida.

 

Hablar de cómo está y de qué necesita hace que se centre más en sí misma y vaya, poco a poco, acordándose menos de Juan. Ha empezado a hacer las cosas que le gustan ella sola, a priorizar lo que para ella es importante y a cuidarse más.

 

Cristina aún se acuerda de Juan, ha sido una parte importante de su vida, pero ahora sabe que va a estar bien sin él, porque se siente feliz de nuevo.


La pérdida se queda

 

Aunque es cierto que se marca la aceptación como el final del proceso de duelo, es importante entender que todo lo que vivimos se queda con nosotros/as, que todas las experiencias nos enseñan y nos cambian. Una ruptura no se puede “cerrar y olvidar”, sino que se queda en nuestra historia de forma pasiva.

 

Por eso no podemos pensar en la superación de la ruptura como algo desagradable de lo que librarnos cuanto antes, sino como otro capítulo más dentro de nuestra historia.

 

Además, cada ruptura sucede en unas circunstancias diferentes, lo cual implica un montón de situaciones específicas que también nos afectan, cada una a su manera e intensidad.

 

Tenemos que entender que las rupturas son una perdida muy grande, no solo perdemos a la persona que teníamos al lado, sino a un proyecto de vida juntos e ilusiones que habíamos puesto en la relación, ¿cómo no vamos a sentir un torbellino de emociones?

 

Es importante recordar y tener en cuenta que todo lo que sentimos es necesario, y aunque puede ser difícil conectar con algunas partes, todo tiene un sentido y necesita su espacio.

 

Whatsapp Facebook Twitter LinkedIn

¿Tienes alguna duda? Pregúntanos

  1. Debe aceptar la Política de Privacidad.

ÚLTIMOS ARTÍCULOS

¿A qué nos referimos cuando hablamos de trauma emocional? Aprendiendo a vivir sin ti: adaptación a una ruptura Los diferentes estilos de apego y su influencia en la pareja: “Yo te necesito y eso a ti te aleja” ¿No te quiere o es que no lo expresa igual que tú? Descubre los cinco lenguajes del amor